¿No tienes miedo?
Miedo de no tener tiempo para hacerlos realidad, a que te fallen los latidos antes de llegar al día en el que esa cortina de humo se materialice en aquello que sueñas.
¿No tienes miedo de perderlo todo sin haberlo si quiera ganado?
Yo sí.
Me gustaría poder avanzar el tiempo a cámara rápida, viviendo desde fuera sin tener que pasarlo mal -otra vez- y entonces llegar a ese momento en el que por fin pueda decir 'lo he conseguido'.
Sería bonito, ¿no? tener la satisfacción de que has luchado lo suficiente como para merecer ese preciado premio.
Pero, ¿no tienes miedo?
Miedo de que tu trofeo nunca llegue, de que tu lucha sea en vano. De fracasar.
¿No tienes miedo de luchar por falsos objetivos?
Yo sí.
Si pudiera solo...llegar, sin caminar antes, sin tener que dejarme a mí misma atrás hasta poder alcanzarlo. Si no tuviera que esforzarme, que llorar, que reír, que enfadarme o que gritar para poder tocar con la punta de los dedos lo que me da el aliento. Si pudiera me atrevería a hacerlo, a... llegar. Solo llegar.
Pero tengo miedo.
Y son más grandes los temblores de las piernas, que la fuerza que me impulsa a caminar.
Quisiera conseguirlo, tener mi sueño embotellado y perfectamente colocado en el rincón de 'cosas que me hacen feliz'.
Pero tengo miedo.
Mucho.
Y ninguna mano va a darme el empujón que necesito para empezar a correr tras lo que quiero, ni siquiera la tuya. Ni siquiera la mía.
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domingo, 28 de abril de 2013
viernes, 26 de abril de 2013
La caja de cerillas.
En una caja vacía de cerillas metí los restos de las fotografías que rompí para no tener que ver esa sonrisa que ya no era mía. La tiré al suelo del parque al que solíamos ir a gritar estupideces y ser el hazme reír de la gente, y nada más ver cómo se golpeaba contra el césped, cogí la última cerilla que saqué de aquella caja, que estuvo vacía antes de meter los restos de las fotografías. La encendí en ese ataúd casero de cartón, y la lancé sobre el sepulcro de recuerdos impresos en papel.
Momentos hechos trizas, sepultados en la caja, y quemados por ella misma.
Qué irónico acabar destruido por lo único que te protege.
Y qué triste no hacer nada para apagar el humo que te asfixia.
¿No lo ves?
No son fotografías, somos nosotros, quemados por las cenizas de lo que un día fuimos, sin huir del desastre que hemos causado nosotros mismos.
Momentos hechos trizas, sepultados en la caja, y quemados por ella misma.
Qué irónico acabar destruido por lo único que te protege.
Y qué triste no hacer nada para apagar el humo que te asfixia.
¿No lo ves?
No son fotografías, somos nosotros, quemados por las cenizas de lo que un día fuimos, sin huir del desastre que hemos causado nosotros mismos.
jueves, 25 de abril de 2013
El ''vuelve a buscarme'' detrás del ''que te vaya bien''.
Si alguna vez olvido cuál era tu canción favorita.
Si no consigo recordar cuál era tu chocolate favorito, si te gustaba en una taza azul o si por el contrario lo preferías frío, en una simple tableta de la nevera.
Si tu nombre empieza a ser solo letras ordenadas de forma vacía o si las mariposas de mi estómago deciden dejar de volar.
Si al levantarme cada mañana lo primero en lo que pienso es en qué desayunar en lugar de en qué momento verte.
Si perderte ya no me duele, o tu olor pasa a ser un perfume de otoño que se llevó el invierno y se escondió tras la primavera.
Si logro imaginar mis huesos desgastándose con otros huesos que no son los tuyos, y la idea de tenerte es solo un pensamiento desechado.
Si me voy y mi ida es una oportunidad para ser sustituida, y no miras atrás para saber si sigo esperando o si ya estoy demasiado lejos.
Si tras la despedida no hay un comienzo, entonces, no estábamos hechos para esto.
Si no consigo recordar cuál era tu chocolate favorito, si te gustaba en una taza azul o si por el contrario lo preferías frío, en una simple tableta de la nevera.
Si tu nombre empieza a ser solo letras ordenadas de forma vacía o si las mariposas de mi estómago deciden dejar de volar.
Si al levantarme cada mañana lo primero en lo que pienso es en qué desayunar en lugar de en qué momento verte.
Si perderte ya no me duele, o tu olor pasa a ser un perfume de otoño que se llevó el invierno y se escondió tras la primavera.
Si logro imaginar mis huesos desgastándose con otros huesos que no son los tuyos, y la idea de tenerte es solo un pensamiento desechado.
Si me voy y mi ida es una oportunidad para ser sustituida, y no miras atrás para saber si sigo esperando o si ya estoy demasiado lejos.
Si tras la despedida no hay un comienzo, entonces, no estábamos hechos para esto.
martes, 23 de abril de 2013
Una vez que me despida.
No será mi voz la que acaricie tus oídos con un ''te quiero'', ni mis lunares la constelación paralela a la tuya. No memorizaré cada rincón de tu piel o cada una de tus manías, ni cambiaré mi peculiar forma de ser solo porque a ti no te guste cómo doblo la ropa cada mañana.
No volverás a escuchar el sonido de mi risa al compás de tus estupideces, no podrás exigirme que descuelgue el teléfono para marcar tu número, o que haga las maletas para verte.
No me verás esperándote en tu puerta. No tendrás el derecho de obligarme a pertenecerte. No me tendrás.
Una vez que te desee lo mejor no habrá vuelta atrás, así que piénsalo bien antes de dejarme marchar, creyendo que cualquier otra puede entenderte como yo te comprendo, o quererte como yo te quiero.
Una vez que te despidas, solo seremos extraños con heridas.
No seré quién era. No seré de nadie.
Una vez que me despida.
No volverás a escuchar el sonido de mi risa al compás de tus estupideces, no podrás exigirme que descuelgue el teléfono para marcar tu número, o que haga las maletas para verte.
No me verás esperándote en tu puerta. No tendrás el derecho de obligarme a pertenecerte. No me tendrás.
Una vez que te desee lo mejor no habrá vuelta atrás, así que piénsalo bien antes de dejarme marchar, creyendo que cualquier otra puede entenderte como yo te comprendo, o quererte como yo te quiero.
Una vez que te despidas, solo seremos extraños con heridas.
No seré quién era. No seré de nadie.
Una vez que me despida.
domingo, 21 de abril de 2013
Sistemas de defensa.
No puedes huir de las personas para siempre, y esconderte en un caparazón de mentiras como si eso fuera a servirte de algo a la hora de ser fuerte.
No puedes evitar conocer a alguien y sentir mariposas en el estómago, ni siquiera podrás hacer que tus piernas dejen de tambalearse cuando tienes a esa persona delante.
No puedes fingir que eres feliz estando solo, hagas lo que hagas seguirás teniendo ese vacío que ningún hueco en tu cama será capaz de llenar.
No lo intentes, es inútil, por mucho que quieras es inevitable que necesites a alguien. Al fin y al cabo, ¿qué somos si no tenemos a nadie? Simples siluetas que jamás imaginaron que perder la compañía de otras doliera tanto.
No puedes evitar conocer a alguien y sentir mariposas en el estómago, ni siquiera podrás hacer que tus piernas dejen de tambalearse cuando tienes a esa persona delante.
No puedes fingir que eres feliz estando solo, hagas lo que hagas seguirás teniendo ese vacío que ningún hueco en tu cama será capaz de llenar.
No lo intentes, es inútil, por mucho que quieras es inevitable que necesites a alguien. Al fin y al cabo, ¿qué somos si no tenemos a nadie? Simples siluetas que jamás imaginaron que perder la compañía de otras doliera tanto.
Si quieres, bailamos.
¿Sientes las notas musicales acariciándote los oídos?
La aguja del tocadiscos besando suavemente la piel del vinilo.
Qué risa tan bonita tienen los discos, carcajadas compuestas de escalas musicales.
Sonrisas que sucumben en pasos de baile.
¿Sientes la poesía de las canciones?
Voces líricas que camuflan con letras gritos que no dicen con palabras.
Qué precioso queda emitir señales de socorro mediante claves de sol.
Cicatrices de dolor escondidas en una voz.
¿Sientes que la música dice lo que callas?
Que cada nota musical es un pedacito de tu vida.
Que cada desafinación es una época torcida.
Que cada melodía es tu día a día escrito en verso.
Y ahora dime, ¿bailarás conmigo esta canción que lleva tu nombre?
¿O prefieres convertite en una nota desafinada?
La aguja del tocadiscos besando suavemente la piel del vinilo.
Qué risa tan bonita tienen los discos, carcajadas compuestas de escalas musicales.
Sonrisas que sucumben en pasos de baile.
¿Sientes la poesía de las canciones?
Voces líricas que camuflan con letras gritos que no dicen con palabras.
Qué precioso queda emitir señales de socorro mediante claves de sol.
Cicatrices de dolor escondidas en una voz.
¿Sientes que la música dice lo que callas?
Que cada nota musical es un pedacito de tu vida.
Que cada desafinación es una época torcida.
Que cada melodía es tu día a día escrito en verso.
Y ahora dime, ¿bailarás conmigo esta canción que lleva tu nombre?
¿O prefieres convertite en una nota desafinada?
viernes, 19 de abril de 2013
Adiós, cielo.
Ya no es el mismo temblor de piernas que sentía al verte. Mis manos ya no pierden el equilibrio cuando estás cerca, y si lo hacen, es porque están buscando una manera de alejarse de tus dedos.
Las mariposas del estómago se convirtieron en cuchillas, que poco a poco terminaron desgarrando incluso la parte de mí que creía más fuerte.
A penas puedo recordar tu nombre, o el sonido de tu risa cuando decía alguna estupidez. Ni siquiera logro entender por qué alguna vez llegué a pensar que mis huesos se tornarían grises con los tuyos.
El ''te quiero'' se encerró en una cápsula del tiempo, y volvió a aquellos días en los que no existía ningún sentimiento. Y en mi piel se borró el rastro de tus labios.
Ya no es la misma sensación de vacío cuando no estás, me siento feliz teniéndote lejos. Ya no tengo miedo de saber que te fuiste, que no volverás, ni te arrepientes de nada. Aunque no estaría de más que algún día me dijeras que me echas de menos.
Lo siento, pero ya no te siento.
Las mariposas del estómago se convirtieron en cuchillas, que poco a poco terminaron desgarrando incluso la parte de mí que creía más fuerte.
A penas puedo recordar tu nombre, o el sonido de tu risa cuando decía alguna estupidez. Ni siquiera logro entender por qué alguna vez llegué a pensar que mis huesos se tornarían grises con los tuyos.
El ''te quiero'' se encerró en una cápsula del tiempo, y volvió a aquellos días en los que no existía ningún sentimiento. Y en mi piel se borró el rastro de tus labios.
Ya no es la misma sensación de vacío cuando no estás, me siento feliz teniéndote lejos. Ya no tengo miedo de saber que te fuiste, que no volverás, ni te arrepientes de nada. Aunque no estaría de más que algún día me dijeras que me echas de menos.
Lo siento, pero ya no te siento.
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