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domingo, 30 de diciembre de 2012

10.

Nunca se despiden, solo se alejan como si eso fuera una verdadera despedida. Un ''adiós'' me hubiera bastado, en lugar de haber tenido que mirarte mientras te marchabas, sin poder hacer nada para evitarlo.
La mayoría de veces no es amor lo que se siente, es capricho. Ven a alguien y quieren tenerlo, sin importar qué; como un niño en una tienda de chucherías. Pero las personas no son como caramelos que puedes tirar nada más probarlos. No. Las personas corren el riesgo de enamorarse de quien se encapricha de ellas. Y es entonces cuando experimentan el dolor de sentir más que la persona que aman.
Normalmente nadie miente: exageran. Dicen querer a alguien más de lo que verdaderamente sienten, o incluso prometen quedarse con ellos para siempre; porque el ''amor'' es una droga que distorsiona la realidad. Para bien, o para mal.

viernes, 28 de diciembre de 2012

9.


Nunca antes había luchado tanto por una persona, y eso la descolocaba, porque mientras una parte de ella la decía <<déjale, no le importas>> la otra le imploraba que se quedara. Todo el mundo la aconsejaba que tenía que seguir adelante, continuar a su lado hasta que las cosas mejoraran, pero ella sabía que nada iba a cambiar, y por mucho que quisiera seguir queriéndole como hasta ahora, tenía miedo de dejar de sentir lo mismo. Quería despertarse un día y que la dijera << te quiero>> como antes, pero quería que eso fuera a la mañana siguiente, no dentro de tres meses.
Le gustaría poder decirle << vas a perderme si sigues esperando>> pero no podía, no tenía el derecho de hacerlo.  Ella quería quedarse junto a él y decirle todo lo que pensaba, pero era imposible por el momento, y eso la hacía enfadarse con aquel chico. Sin embargo no se lo hacía ver, fingía que todo iba a bien, que le daba igual la situación, y se guardaba su rencor y sus sentimientos para ella misma, esperando al día que él estuviera listo para escucharlos.
No estaba segura de poder esperarle ni de si a él le importaría lo más mínimo que ella dejara de quererle. Pero no le importaba porque tenía la esperanza de que cualquier día todo podría volver a ser como antes. Y si no, el chico acabaría dándose cuenta del gran error que había cometido dejándola ir.

Historias aparte.


-Una relación amor-odio es lo peor que puede pasarte en la puta vida, Fran – dijo Fede mientras se encendía un cigarro.
-Lo sé – contestó.
-Querrás cabrearte con ella, pero en el fondo la quieres. La odias tanto porque te puede la impotencia de no tenerla aún sabiendo que ella lo daría todo por ti – paró para ofrecerle una calada a Fran y prosiguió – y lo único que quieres es herirla para luego correr y plantarla un beso que la deje sin aliento. Pero eso no va a pasar, lo sabes ¿no? Te quedarás como un imbécil mirando cómo llora por todas las barbaridades que dijiste y no habrá beso, ni reconciliación.
-Me gustaría decirla que la quiero – se quedó mirando las luces de los edificios y luego siguió hablando – pero ya es demasiado tarde, se ha ido lejos.
-¿Y qué, tío? Existen los trenes, los teléfonos, ¡incluso internet!
-Ya, pero nunca será lo mismo.
-Mira, Fran, cuando quieres a una persona todo eso no importa.
-Sí, sí que importa. Importa porque por mucho que quiera esa ‘’reconciliación’’ que tú dices no podré tenerla. No podré estar con ella cuando yo quiero y no podremos dar esos paseos juntos como solíamos hacer antes.
Fede no respondió y un silencio incómodo inundó el balcón en el que estaban.
-¿Sabes qué? Haz lo que te dé la gana – gruñó – pero luego no me vengas llorando cuando la hayas perdido, porque yo ya te he avisado.
Tiró el cigarro por el balcón y se dirigió otra vez al salón. Justo cuando iba a pasar por la puerta, se paró en seco.
-El amor requiere sufrimientos, Fran y si Carla se ha ido ha sido por tu culpa, porque nunca tuviste el valor suficiente para enfrentarte a lo que sentías. Ve a por ella si quieres, ve a por ella ahora porque cuando te des cuenta del error que estás cometiendo será demasiado tarde, y tu hueco de la cama será ocupado por otro.
Fran se quedó callado mientras Fede se ponía el abrigo y se iba. Sabía que tenía razón. Carla no tenía la obligación de marcharse a Barcelona, lo hizo porque no soportaba ver cómo él la ignoraba, o incluso se enfadaba con ella cada vez que le decía que le quería.
Se quedó mirando un rato el cielo de Madrid, luego cogió su abrigo, y algo de equipaje, cerró la puerta con llave y se dirigió a la estación de tren. Se había dado cuenta de que no quería perderla.

Historias aparte.

-¿Qué hago? - le pregunté. No sabía a quién más acudir.
-De momento mirar cómo pesco - respondió con un sonrisa en la cara.
-Pero...
-Primero tiras la caña, así - tiró el sedal al lago con tanta fuerza que me salpicó un poco.
-¿Y luego?
-Luego esperas a que alguno pique.
-¿Y si no pica ninguno?
-Picarán, no te preocupes.
No entendía muy bien qué tenía que ver todo esto con mi problema, pero no le repliqué. Todo lo que Dan hacía tenía una explicación.
Pasaba el tiempo y la caña no se movía. Iba a pedirle que me llevara a casa cuando de repente el sedal se hundió. Dan no se inmutó, dejó que la caña se moviera y que el pez tirara de ella, yo empezaba a ponerme nerviosa.
-¡Se te va a escapar! ¡Corre, tira! - grité, casi saltando de la emoción.
-No, hay que esperar al momento justo - me calmó.
-Pero, ¿cómo sabes cuándo es?
-No sé - me miró - tan solo...¡lo sabes!
Entonces tiró de la caña y un pez raro cayó sobre sus rodillas. No sabía su nombre, pero era bonito, tanto que daba pena saber que esta noche sería nuestra cena.
-¿Y si lo hubieras perdido? - pregunté mientras recogía sus cosas.
-Pues hubiera pescado otro - rió - el lago está lleno de ellos - me revolvió el pelo.
-Pero, ¿qué pasa cuando tú solo quieres un pez? ¿qué pasa cuándo lo único que quieres es ese pez, y no los demás?
-Pues que tienes que luchar por él - se agachó para mirarme directamente y añadió - y si lo pierdes es porque ese no era el pez que tú buscabas.
Entonces comprendí a qué venía toda aquella historia de la pesca. Los consejos de Dan siempre venían camuflados en pequeños detalles.
-Gracias - le di un beso en la mejilla.
-¿Resuelve eso tus dudas, Nora? 
-Sí, bastante.
Fuimos al coche y me senté junto a él. Ahora sabía qué tenía que hacer: si quería recuperarle, rendirme era la última opción, es más, rendirme jamás sería una opción. Ya no.

Cartas a ninguna parte.

Hubiera preferido escuchar su voz antes que ver su sonrisa impresa en un papel. Las imágenes pueden llegar a decir mucho de una persona, pero lo que realmente las define son las palabras que se atreven a pronunciar; por eso yo siempre preferí un << hasta luego >> antes que una foto suya.
Cuando me dijeron que jamás volvería a verle, que nunca regresaría, lo que hizo que mi corazón se retorciera fue saber que no podría escuchar otra vez el tono de su voz al decirme que me quería.
Fue injusto que lo arrebataran de esa manera, aún teníamos muchas cosas que vivir juntos.

domingo, 23 de diciembre de 2012

8.


Justo cuando crees que todo ha terminado, las cosas empeoran. Piensas que lo tienes superado, que nunca más recaerás en días grises, sin embargo estás equivocada, ahora todo está oscuro y no se ve nada.
Antes no te importaba salir a la calle, de hecho te encantaba porque era tu única vía de escape ¿qué te pasa ahora? Solo quieres recluirme en mi habitación, lejos de las personas, por miedo a cosas que quizás nunca lleguen a pasar, pero claro más vale prevenir que curar, ¿no?
Pues no. Quiero salir a la calle sin miedo al ‘’qué pasara’’, sin sentirme encerrada cada vez que subo a un autobús o entro en el metro. Quiero reírme de verdad y no solo por cumplir o por no llorar. Quiero ser feliz otra vez.
Nadie sabe lo que se siente al ver cómo el futuro, que tantas ganas tenías de que llegase, se cierra ante ti, porque tú misma te pones límites, límites que no te dejan cumplir tus sueños, porque todo lo que soñaste ahora es una pesadilla.
Yo creí que era fuerte y que llorar era de débiles, pero la verdad es que mi cara está siempre mojada.

sábado, 22 de diciembre de 2012

7.


Nunca llegué a acostumbrarme a la realidad, era demasiado patética comparada con lo que siempre soñaba. Pensar que los finales felices existían fue una tontería, al menos para mí las cosas nunca terminaron de esa manera.
A día de hoy sigo preguntándome por qué las mejores personas son las que peor lo pasan en la vida, por qué gente que se dedica a destrozar sueños ajenos tiene todo lo que desea y es completamente feliz, mientras que los demás tenemos que aguantarnos con las burlas del destino. ¿Por qué yo no tengo la misma suerte que ella?
Con cada hora que pasa me doy cuenta de que no puedo hacer nada, y eso es lo que me mata por dentro. Ella lo tiene demasiado fácil, porque todo lo que quiere se encuentra a dos pasos de su casa, y en cambio yo tengo que pagar un billete de tren para poder tenerlo. Y ese es, quizás, el verdadero problema: que nunca podré estar cuando él me necesite.
Entonces me doy cuenta de que no puedo luchar aunque quiera, no puedo evitar perder lo único que me queda, porque directamente ya lo tengo perdido. Es como tener las manos y las piernas atadas mientras dejo que alguien me pegue una paliza: por mucho que quiera darlo todo y dejarme la vida en ganar, no puedo.
Así que lo siento, pero no soy capaz de luchar por ti ni por mí misma, ni tampoco soy capaz de dejarte ir, porque llegará el día en el que tenga una oportunidad para hacer que todo cambie. Y, créeme, haré todo lo posible para que sea cuanto antes.
Mientras tanto veré cómo te alejas y no haré nada para pararte, porque sé que no quieres quedarte conmigo. De modo que si realmente vas a ser completamente feliz cambiándome por otra persona, hazlo, me importan más tus sentimientos que los míos. No me importa esperarte, nunca me importó. A diferencia de ti.