Podrías destrozarme con tan solo tres palabras, o dos, dependiendo de si me las dices a mi o a ella. Pudiste haberme roto en mil pedazos solamente con mirarme sin verme, para después recomponerme con un beso.
Tenías la oportunidad de recoger los restos de mi que dejaste, tirarlos al aire y ver cómo se esparcen; o guardarlos en una cajita con un candado que nunca abres.
Y de todas esas opciones dichas y calladas, elegiste irte sin decir nada. Sin mirarme, sin romperme, sin adiós. Te fuiste escondiendo la promesa de que nunca me dejarías sola, y escondiendo en un rincón que jamás encontraré esas tres palabras que hubieran podido destrozarme.
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martes, 9 de abril de 2013
lunes, 8 de abril de 2013
Puedes irte si quieres.
No tengo claro en qué momento comenzó a no preocuparme que la gente me dejara. Puede que fueras tú quien me hiciera ver que quedarse solo no era tan malo, y que siempre habría alguien a quien le importara aunque quien me importara a mi ya no supiera quién era.
Tampoco sé cuándo comencé a ser yo, pero lo que tengo claro es que sé quién soy, y que entre las palabras que me definen no están las de ''miedica'' o ''dependiente''. Ya no están.
Antes era una cobarde que necesitaba a otras personas para ser feliz, una cobarde a la que le temblaban las piernas y se le humedecía la vista con solo pensar que podrían abandonarla y sustituirla.
Supongo que me di cuenta que dejar ir no era tan malo, supongo que me fui acostumbrando hasta que dejó de dolerme.
No lo sé.
No tengo claro en qué momento comenzó a no preocuparme que la gente me dejara, pero estoy segura de que fue gracias a ti, que te creía diferente y no estaba tan equivocada: eras distintamente peor a los demás.
Pueden irse cuántos quieran, nunca estaré más sola de lo que estaba cuando me empeñaba en quedarme a su lado, a pesar de que me hacían daño.
Tampoco sé cuándo comencé a ser yo, pero lo que tengo claro es que sé quién soy, y que entre las palabras que me definen no están las de ''miedica'' o ''dependiente''. Ya no están.
Antes era una cobarde que necesitaba a otras personas para ser feliz, una cobarde a la que le temblaban las piernas y se le humedecía la vista con solo pensar que podrían abandonarla y sustituirla.
Supongo que me di cuenta que dejar ir no era tan malo, supongo que me fui acostumbrando hasta que dejó de dolerme.
No lo sé.
No tengo claro en qué momento comenzó a no preocuparme que la gente me dejara, pero estoy segura de que fue gracias a ti, que te creía diferente y no estaba tan equivocada: eras distintamente peor a los demás.
Pueden irse cuántos quieran, nunca estaré más sola de lo que estaba cuando me empeñaba en quedarme a su lado, a pesar de que me hacían daño.
Alguien a quien quiero, pero no conozco.
No sé quién eres. Si tus ojos son marrones, grises o verdes. Si tu mirada anda perdida buscando la mía, o si has encontrado otra por error. No tengo ni idea de cuáles son tus cicatrices, si son profundas o solo una marca del tiempo.
No logro imaginar dónde se esconden tus lunares o tus más sinceros miedos. Si estás temblando en un rincón de tu habitación o si eres tan feliz que aún no me necesitas.
Quisiera saber tu nombre para al menos gritarte que vengas, o el tono de tu voz para recordarlo antes de cerrar los ojos. El tacto de tu piel que quizás haga conjunto con el mío, o si necesitas que aparezca y te gire la sonrisa que está injustamente del revés.
No sé quién eres, ni si me estás esperando de la misma forma que yo lo hago, pero ya nos veremos cuando estemos preparados para encontrarnos, y poner por fin un rostro a lo que viene siendo la imagen de alguien a quien quiero, pero no conozco.
No logro imaginar dónde se esconden tus lunares o tus más sinceros miedos. Si estás temblando en un rincón de tu habitación o si eres tan feliz que aún no me necesitas.
Quisiera saber tu nombre para al menos gritarte que vengas, o el tono de tu voz para recordarlo antes de cerrar los ojos. El tacto de tu piel que quizás haga conjunto con el mío, o si necesitas que aparezca y te gire la sonrisa que está injustamente del revés.
No sé quién eres, ni si me estás esperando de la misma forma que yo lo hago, pero ya nos veremos cuando estemos preparados para encontrarnos, y poner por fin un rostro a lo que viene siendo la imagen de alguien a quien quiero, pero no conozco.
domingo, 7 de abril de 2013
Ahora que te has ido.
Haré fotografías a prueba de fuego para no tener que quemarlas cuando te vayas, y aún así intentaré buscar una forma alternativa de olvidarte, aunque no pueda.
Escribiré sobre ti a lápiz en las páginas de un cuaderno, para poder borrarte al menos del papel, aunque me sea imposible hacerlo de mis recuerdos.
Intentaré grabar tu voz cada vez que me llames para decirme que me quieres o que me odias, solo para poder escucharla de nuevo antes de dormir, aunque no estés.
Y recordaré de ti cada mínimo detalle aunque duela o aunque ya no te acuerdes de quién soy. De quién fuimos.
Me pondré un escudo anti-balas que lleven tu nombre, y me protegeré a mi misma de la estúpida idea no verte.
Haré lo que pueda para olvidarme de ti, ahora que te has ido.
Escribiré sobre ti a lápiz en las páginas de un cuaderno, para poder borrarte al menos del papel, aunque me sea imposible hacerlo de mis recuerdos.
Intentaré grabar tu voz cada vez que me llames para decirme que me quieres o que me odias, solo para poder escucharla de nuevo antes de dormir, aunque no estés.
Y recordaré de ti cada mínimo detalle aunque duela o aunque ya no te acuerdes de quién soy. De quién fuimos.
Me pondré un escudo anti-balas que lleven tu nombre, y me protegeré a mi misma de la estúpida idea no verte.
Haré lo que pueda para olvidarme de ti, ahora que te has ido.
Tú y yo juntos, solo cuando duermo.
A veces echo de menos fingir que te veo, ya sabes, cómo solíamos hacerlo:
Tú cogiéndome la mano con los ojos cerrados y la sonrisa abierta, el único momento dónde podíamos tenernos.
Yo rozando mi nariz con la tuya mientras reías y te apartabas, gritándome lo pequeña que era.
Tú enlazando tus dedos con los míos al compás de nuestros labios.
Tus lunares y mis lunares jugando a que se encuentran con la luz apagada.
Yo callándome lo feliz que era estando contigo, porque nunca tuve el valor suficiente para decírtelo, y tú quejándote de lo fría que era, aunque por dentro fuera una tormenta en plena ebullición.
Tú y yo, solos tú y yo. Nadie más.
A veces echo de menos fingir que no te quiero.
Tú y yo, soltándonos la mano. Y yo llorando porque no quería que te fueras.
Tú alejándote sin mirar atrás. Yo arrastrándome por que volvieras.
Tú sin echarme de menos. Yo esperándote en la puerta, en el teléfono.
Tú y yo, cambiado por tú y ella.
A veces te echo de menos. Solo a veces.
El resto del tiempo imagino que vuelves. Tú y yo juntos, solo cuando duermo.
¿A quién voy a engañar?
A quién voy a engañar, si aunque te hayas ido te sigo queriendo como el primer día o incluso más.
Cada mañana es una lucha continua entre hormigueos en los brazos que me dicen que volverás, y golpes en el pecho que me dicen lo contrario. Golpes que por la noche ganan, y lo celebran saliendo en forma de lágrimas.
A quién voy a engañar, si aunque tú seas feliz conmigo lejos yo no consigo serlo si no te tengo, y cada beso que das es una herida más que no cicatriza.
A quién voy a engañar, si aunque lo niego te echo de menos, y recaigo pensando que podríamos solucionarlo. Pero cada paso que doy para acercarme, es un paso que das caminando de su mano.
¿A quién voy a engañar pensando que puedo olvidarte? A ti, quizás.
Cada mañana es una lucha continua entre hormigueos en los brazos que me dicen que volverás, y golpes en el pecho que me dicen lo contrario. Golpes que por la noche ganan, y lo celebran saliendo en forma de lágrimas.
A quién voy a engañar, si aunque tú seas feliz conmigo lejos yo no consigo serlo si no te tengo, y cada beso que das es una herida más que no cicatriza.
A quién voy a engañar, si aunque lo niego te echo de menos, y recaigo pensando que podríamos solucionarlo. Pero cada paso que doy para acercarme, es un paso que das caminando de su mano.
¿A quién voy a engañar pensando que puedo olvidarte? A ti, quizás.
lunes, 1 de abril de 2013
¿Bailamos?
Quiero ser ese baile en tu habitación entre notas cantadas por tu tocadiscos. Quiero ser esa canción que sonaba en aquel instante que, aún sin existir, sigue pareciéndome perfecto. Quiero ser ese pato mareado que se esforzada por seguir tus pasos y que siempre acababa pisándote un pie aunque tú camuflaras el dolor con una sonrisa.
Quiero ser esa mirada sostenida al compás de nuestras caderas. Quiero ser la que baila contigo y no sola. Quiero ser yo y no otra la que lleve el ritmo de tu respiración.
Quiero por un momento fingir que ignoro saber que no soy ese baile, ni esa canción, ni ese pato mareado, ni siquiera tu compañera de baile. Quiero fingir que soy ella la que baila y quita el vinilo cuando ya está tan cansada que lo único que quiere es arrastrarte de la mano hasta quedarse dormida en tu cama.
Déjame imaginar solo por un momento que sigo siendo yo la única con la que quieres sustituir la música por silencio. Que sigo siendo yo, y no ella la que baila contigo hasta las tantas de la madrugada, en un rincón de tu habitación entre notas cantadas por tu tocadiscos.
Quiero ser esa mirada sostenida al compás de nuestras caderas. Quiero ser la que baila contigo y no sola. Quiero ser yo y no otra la que lleve el ritmo de tu respiración.
Quiero por un momento fingir que ignoro saber que no soy ese baile, ni esa canción, ni ese pato mareado, ni siquiera tu compañera de baile. Quiero fingir que soy ella la que baila y quita el vinilo cuando ya está tan cansada que lo único que quiere es arrastrarte de la mano hasta quedarse dormida en tu cama.
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