Quiero meterme en la cama, cerrar los ojos y que, cuando los abra, deje de estar ahí. Me gustaría poder querer dormir por cansancio físico y no por tristeza. Me dan miedo los siempres y los nuncas asociados a permanencia, sinónimos de que no volverá a ser como antes.
Me siento culpable si me lamento, porque hay lamentos más justificados que dejan al mío en el bando de la exageración, del egoísmo y del cobarde.
Me siento a medio camino de ellos y de ti. De los que pueden y quieren y de los que no quieren pero pueden.
Y les envidio en cierto modo. Y me alegro por ellos en el otro. Para después sentirme dentro de un cristal dibujando mensajes de socorro en el vapor.
¿Quién soy yo para merecer esta incomodidad? ¿Qué he hecho yo para merecer esto?
Nada. Pero la injusticia es bandera de este mundo e himno de muchos. La injusticia es aire que asfixia hasta al más pequeño sueño. Sueño como el que ahora tengo, que camufla mis ganas de ser lluvia bajo el edredón. Y se me encoge el estómago cada vez que lo siento. Maldita punzada que no me deja olvidar mi condición. Maldito afán del universo por ser perfecto. Maldita yo, por haber visto venir de todo menos esto. Esto, que no es mal pero no es bueno. Que existe, pero no. Que simplemente es.
Ya no sé qué es tener el pecho lleno. Ya no sé cómo estremece la no preocupación.
¿Qué tengo que hacer para que se marche? ¿Qué tengo que hacer para volver a ser yo?
Quiero se vaya.
Que me deje.
Y que se rompan los cristales que ciegan mi voz.
Quiero volver a conducir mis pasos y que el dolor sea sólo literatura.
Déjame ver de nuevo las flores. Déjame volver a ser canción.
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domingo, 26 de abril de 2015
lunes, 6 de abril de 2015
Después de un adiós.
Quiero que vuelvas a abrazarme de nuevo, a mirarme desde tu lado de la cama y a apretarme contra tu mejilla. Quiero que vuelvas tú, tus inmensas pestañas y tus geométricos lunares. Quiero que vuelvas a contemplarme como si fuese de mármol e infinitamente tuya. Quiero que vuelva tu olor. Tu pelo. Tu cuerpo encajado con el mío.
Quiero que vuelvas a besarme cuando lloro. Que vuelvas para dejar de sentirme sola, incompleta, como si me hubiesen arrancado un pedacito de mí.
Quiero que vuelvas.
Vuelve.
Vuelve.
Y no te marches, otra vez, sin llevarme contigo.
Quiero que vuelvas a besarme cuando lloro. Que vuelvas para dejar de sentirme sola, incompleta, como si me hubiesen arrancado un pedacito de mí.
Quiero que vuelvas.
Vuelve.
Vuelve.
Y no te marches, otra vez, sin llevarme contigo.
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