Seguidores

viernes, 31 de mayo de 2013

Un viaje en tren con sabor a sueño.

A veces escucho una canción, o veo fotos de ciudades bonitas en las que me gustaría poder estar viviendo ahora mismo, y pienso que ya casi estoy a punto de poder rozar con mis propios dedos la llave que abre esta cárcel, también llamada Madrid.
Y una sensación de optimismo recorre mi estómago hasta salir en forma de sonrisa. Entonces me siento viva otra vez, con la fuerza necesaria para dejar atrás las palabras en forma de caricias que una vez me regalaron, pero que acabaron resultando ser cuchillos, o más bien cristales rotos.
Y vuelvo a tener ganas de enamorarme, de vivir nuevas experiencias, de nacer de nuevo después de haber estado tanto tiempo medio muerta.
Pero luego miro por la ventana, y mi realidad imaginaria se rompe. Veo que aún sigo detrás de los barrotes de mi alféizar, y que los edificios no han sidos sustituidos por la playa.
No me he ido, sigo aquí. Y saber que quizás nunca lo haga, me hace sentirme más encerrada que nunca.
La verdad es que no hay nadie a quien pueda dejar controlar mis pulsaciones o la velocidad a la que da volteretas el motor de mi sangre.
No he encontrado mi sitio, no sé dónde quiero estar, solo sé que quiero marcharme lejos cerca del mar, aunque no vayas a estar allí nunca más y nuestros trenes se hayan cruzado mientras intentábamos huir de la habitación que nos mantenía encerrados.
No tengo mi confianza puesta en alguien, ni un lugar al que escaparme.
Saber que tú sí, me hace sentir más sola y perdida que nunca.
Así que seguiré agarrándome a momentos de positividad espontáneos, hasta que llegue el día de ir hasta Atocha y poder decir adiós a estas calles grises manchadas de asfalto.
O puede que otra persona llegue antes, y sea la metáfora perfecta para un billete de tren, haciéndome unir realidad y sueño aunque sea solo por un tiempo, para poder huir a pesar de que sigamos quietos.
Quién sabe.
El caso es que es casi Junio, y ni mi patio es un puerto, ni mi cama está ocupada por alguien nuevo. Ni siquiera eres tú el que me espera tumbado, al menos no es a mi a la que sonríes desde debajo de tus sábanas.

Poesía que no termina de serlo, para Edu.

Recuerdo cuánto te gustaba
aquella gran ventana que tenías
en un rincón escondido de
tu habitación.
Recuerdo cómo pasabas
las tardes de verano
mirando por entre los cristales,
buscando alguien que se girara
para verte.
Recuerdo qué cara pusiste cuando
alguien apagó la luz y no pudiste
distinguir tu ventana de un póster.
Y lo mucho que intentaste poder
dar luz otra vez a tu escondite
para encontrar las cortinas
que tantas veces te habían cobijado.
Recuerdo que no encontraste
el interruptor que te faltaba,
y que escuchaste risas de
la gente que pasaba.
Recuerdo cómo te sentiste
al ver que eras el único
que vivía a oscuras,
y lo mucho que querías
volver a tener una bombilla.
Recuerdo cuánto envidiabas
a los que tenían una ventana
con la que huir cuando no se tiene nada
excepto el miedo que entre risas falsas
se escapa.
Recuerdo que dijiste que lo dejabas,
que no querías seguir buscando
una chispa que te alumbrara.
Que no querías tener más una ventana,
porque te habías acostumbrado
a estar a oscuras.
Recuerdo cómo llorabas,
y lo falsa que resultaba tu sonrisa
ahogada entre tantas lágrimas.
Recuerdo que te vi entre nada,
y te di mi mano a ciegas aún sin saber
qué buscabas.
Recuerdo que chocamos contra un cristal
que ya estaba enfriado,
de tanto esperar que alguien lo encontrase
entre tanta luz camuflada en negro.
Recuerdo tu sonrisa en aquel momento,
lo mucho que reías sabiendo
que tu bombilla seguiría luciendo,
aunque el interruptor estuviera roto
o la luz se estuviera consumiendo.
Recuerdo que volviste a ser feliz
a pesar de todos esos malos momentos,
porque tu fuerza y tu paréntesis de los labios
siempre habían estado brillando.
Y lo seguirán haciendo aunque pasen años,
porque nadie más que tú merece
tener una ventana por la que
mirar cada verano.

Poesía que no termina de serlo, para Edu.

En una playa vacía y
llena al mismo tiempo
de momentos o incluso de recuerdos,
creí verte entre las olas.
Tenías el pelo más largo
y la sonrisa de lado,
pero habías perdido ese brillo
que desprendías con tu paso.
En una playa gris y
blanca al mismo tiempo
de tormentas o incluso de recuerdos
creí verte sentado en la arena.
Estabas tristemente a solas,
y con el agua rozándote las piernas,
pero no era tu mirada la que contemplaba
como el mar se estremecía
con cada roce que el viento le daba.
En una playa lejana y
no tan lejos al mismo tiempo
de mi ciudad o incluso de tu río,
creí que me mirabas.
Tenías los ojos más bonitos,
y la pupila más acafeinada,
pero estaban demasiado vacíos
porque no era tu mirada.
En una playa vacía y
llena al mismo tiempo
de momentos o incluso de recuerdos,
creí verte entre las olas.
Pero me equivocaba,
no eras tú sino otro
el que me esperaba.
No eras tú, ni era mi playa.
Era un sueño vacío y lleno al mismo tiempo
de momentos o incluso de recuerdos,
en los que tú no estabas.
No estabas.



jueves, 30 de mayo de 2013

Cambio de roles.

Si me conocieras (otra vez), te enamorarías de mi aunque al principio te negaras a hacerlo. Me ganaría el derecho de rozar mi mano con la tuya poco a poco. Lucharía por ti y me haría paso entre los cristales rotos de tu confianza.
Si me conocieras (otra vez), seríamos felices. Pero solo por un tiempo, el justo para saber lo que es conseguir un premio difícil y luego cansarme. Entonces, los papeles estarían cambiados. Tú serías el que lucha por mi, y yo la que mira mientras haces todo lo posible por recuperarme.
Aún así te seguiría queriendo aunque fuera solo un poco, porque al fin y al cabo me sigues gustando.
Pero solo por un tiempo, el justo para no tener claro qué siento.
Si me conocieras (otra vez), no te haría caso. Fingiría estar contigo cuando en realidad no tengo ganas de tenerte. Y no serías más que un amigo al que tratar como quisiera, porque tengo el control de la velocidad a la que van tus pulsaciones.
Entonces te hartarías de ser un juguete, a merced del miedo que siento a salir herida. Y te rebelarías, y lucharías por tenerme de la misma forma que yo te tengo. Y yo aceptaría, haciendo como que todo es igual que antes, cuando en realidad es diferente.
Si me conocieras (otra vez), yo sería libre. Me sentiría segura porque no corro el riesgo de sufrir heridas, pero tú... ah, tú. Tú estarías en la zona de peligro, ahora cualquier movimiento sería como el detonador de tus cicatrices.
Te susurraría palabras de doble filo, que parecen de amor pero en realidad van vestidas de luto. Rozaría con mi nariz tus mejillas, y vería como te rindes y cierras los ojos, aún bajo mi control.
Qué bonito giro de acontecimientos. Empezaste siendo el motivo de mi lucha, y te convertiste en mi muñeco preferido. Un muñeco controlado por el salvavidas que se suponía que iba a rescatarte.
Pero solo por un tiempo, el justo para dejarte ver quién soy realmente.
Si me conocieras (otra vez), volverías a poner esa cara de estúpido que pusiste cuando supiste que no era más que un juego, que te había llevado de mi mano al acantilado, y que estaba a punto de empujarte.
No eres idiota, así que harías la pregunta que rompió todos mis esquemas (otra vez). Y me dolería aunque no me la esperase.
Y no sabré contener mi rabia de ver que el muñeco se vuelve en mi contra. Y huiré lejos, dejándote atrás como si nada.
Pero solo por un tiempo, el justo para que te dieses cuenta de que no te quiero.
Entonces vendrías corriendo, y mi rabia y la tuya estarían igualadas.
Y dirías <<Que te vaya bien>> con esa voz tan característica tuya.
Pero aunque fueses tú quién tuviera la última palabra y el valor suficiente como para poner fin a mis juegos, yo sería quien pusiera la última media sonrisa girada.
Y te diré adiós.
Y no te esperaré.
Y buscaré un muñeco diferente.
Y el juego empezará otra vez.
Si me conocieras (otra vez), sabrías cómo me hiciste sentir. Cómo se siente siendo una muñeca de trapo a la merced de un titiritero que no sabe lo que hace. Sabrías qué es ser tirado a la basura y sustituido por un juguete nuevo.
Si me conocieras (otra vez) te haría lo que me hiciste.
Y te enamorarías de mi. Pero no conmigo.
Porque no se puede enamorar a una persona dos veces.

miércoles, 29 de mayo de 2013

La persona que te protege está detrás del arma que te apunta.

Estaba oscuro, ni siquiera la luna era capaz de dar un brillo falso a la habitación. Lo único parecido a luz era una bombilla que se balanceaba con un resplandor intermitente. Los muebles estaban rotos y tirados por el suelo. Tampoco la ventana se había librado de acabar hecha pedazos, con las cortinas desgarradas.
Y en mitad del desastre ahí estabas, jadeando y apuntándome con una pistola. Tenías la camisa rota y el pelo alborotado más de lo normal. Tus ojos me miraban con un odio que supe que era falso, que en realidad detrás de él se escondía el ''lo siento'' nunca dicho.
 Unos centímetros más adelante, cara a cara con el gatillo, estaba yo. Con mi vestido desgarrado y manchado de restos de sangre a juego con mi cara, y el pelo revuelto cayéndome por la espalda.
-Dispara. - Dije, arqueando una ceja.
No tenía miedo de morir si eras tú quien lo hacía.
Tragaste saliva y me dedicaste un último paréntesis con una risa casi inaudible de fondo. Te acercaste más a mi y pusiste la pistola contra mi frente, al mismo tiempo que tu mejilla rozaba mi pelo.
-Dispara. - Repetí, esta vez en un suspiro.
Apartaste la cabeza de mi hombro para mirarme directamente a los ojos.
Y tu mirada y la bala hicieron contacto conmigo al mismo tiempo.
Entonces supe que no eras tú quien tenía el control del gatillo, que tú habías muerto mientras la estantería chocaba contra la alfombra, y las paredes se agrietaban; que cuando pasaste de usar esa misma pistola para apuntarme en lugar de para defenderme, ya te habías ido.
No eras tú quien disparaba. Ni tampoco era yo quien había acabado tirada en el suelo, mientras tú abrías la puerta y la cerrabas como si no hubieras destrozado nada ahí dentro.
No éramos tú y yo, eran tu orgullo y el mío.
No éramos tú y yo, nosotros ya estábamos muertos.
No éramos tú y yo. Nunca lo fuimos.

martes, 28 de mayo de 2013

Adiós a quien solía ser.

Hace tiempo, no muchos meses atrás, tenía miedo de estar sola. Mucho miedo.
No estaba acostumbrada a perder a nadie, o puede que sí lo estuviera pero lo hubiese estado ocultando durante 7 años, hasta que se desencadenó la pesadilla.
La perdí.
Ya no estaba ni estaría más por mucho que quisiese. No fui capaz de aceptarlo.
Pero eso no fue más que el primer terremoto. Luego vendría otro, que se quedaría en seísmo, pero que hizo la grita aún más grande.
Entonces me sentí rota, pero no por mucho tiempo. Al poco aprendí a estar sola.
Y nada más acostumbrarme a no tener a nadie apareció él.
Y entonces sentí como si la grieta se... cerrase. Creí que me salvaría, que pondría el cemento que le hacía falta a mi vacío para estar completo.
Pero me equivocaba.
Yo estaba demasiado destrozada, y él... él no sé cómo estaba.
Vino, me terminó de romper y se fue. Ni siquiera hizo un ademán por quedarse conmigo o venir a buscarme.
El que se suponía que tenía que salvarme, solo fue una especie de excavadora. Y yo para él no sé ni qué fui, ni qué sigo siendo.
Volví a estar medianamente sola. Acepté que ella no estuviera, pero me negué a creer que él ya no iba a volver.
Y la grieta se convirtió en abismo.
Y esta vez de verdad necesitaba que alguien me salvase, porque estaba a punto de caer en un pozo sin fondo.(Lo sigo estando).
Así que me di cuenta de a dónde había llegado. Me había pasado los últimos años de mi vida acumulando grietas, y se habían juntado para formar un acantilado. No sirvió de nada fingir que no estaban, no sirvió de nada buscar a alguien que me tendiera una escalera para salir de ahí dentro.
No sirvió nada.
Me miré al espejo una noche del 28 de Febrero. Hoy.
Y no sabía qué sentía, ni qué quería hacer con mi vida. Estaba encerrada en mi propio despeñadero.
Y me harté de esperar una forma de escalarlo. Me decidí a cambiar, a ser diferente. A no ser débil.
Nadie más me hundiría en este pozo, ni siquiera yo misma.
Si no va(n/s) a rescatarme, tendré que hacerlo yo sola. Tendré que hacerlo sin nadie.
Injusto que quien más necesite que le rescaten tenga que salvarse a sí mismo.


Muerte por asfixia de una puerta que se cierra.

Quiero que te vayas, que cojas todas tus palabras, tus llamadas, y tus promesas, y las metas en una maleta con cerrojo.
Quiero que la tires al mar, y dejes que se desgaste con el roce de las olas. Que sea como un barco de tela hundido incapaz de salir a flote.
Quiero que te vayas, que borres de mis ojos tus miradas, y de mis oídos tus ''te quiero''. Que cierres la puerta de la habitación donde guardo mis recuerdos, y la prendas fuego.
Quiero que me cubras con un velo blanco, que sirva de olvido anticipado, y me hagas hacer como que nada de esto ha pasado. Que adelantes mis días hasta ese en el que ya no siento.
Quiero que te vayas, quiero que sueltes mi mano. Que aunque parezca que ya no está sujeta, aún sigue por error atada a la manga de tu camiseta. Un hilo suelto enredado con otro, que no me deja alejarme de ti ni un solo metro.
Quiero que te vayas, que seas feliz y yo también lo sea. Quiero que te vayas y te des cuenta de las heridas que has dejado en mi costado, que ya casi se ha quedado sin aliento.
Quiero que te vayas y me dejes respirar después de tanto tiempo presionándome el pecho sin quererlo. Que me devuelvas a la persona que yo era, o que me regales una autoestima nueva.
Quiero que te vayas.
Pero también quiero que vuelvas.

lunes, 27 de mayo de 2013

Entonces dime, ¿vendrás a verme?

Me sigue gustando tu forma de escribir, la manera que tienes de dejar tu marca en cada coma y acento. Y creo que va a seguir gustándome siempre, todo lo que venga de ti va a hacerme cosquillas en el estómago sin importar que ya esté demasiado desgastado.
Escribir. Qué bonita palabra.
¿Te imaginas que un futuro tus libros y los míos compartan estantería?
Ya que no puedo ser yo la que esté a tu lado, al menos me conformaría con saber que mis palabras están a escasos centímetros de las tuyas.
Quizás por eso me guste tanto, porque siento que con cada historia interminada que escribo estoy más cerca de volverte a ver, aunque sea imposible.
Y creo que algún día nos conoceremos de verdad gracias a los libros. Yo leeré los tuyos, y tú verás los míos en una librería. Puede que entonces te acuerdes de aquella chica que creíste olvidar, pero que sigue ocupando un espacio en tus recuerdos, aunque sean solo unos milímetros.
Hablando de reencuentros, solía pensar que en un futuro no muy lejano podría irme a vivir cerca de ti. Entonces ya no estaríamos lejos, a pesar de que nunca fuéramos a conocernos.
Ya no quiero eso. Sé que vas a ser tú el que venga, aunque no sea para buscarme. Así que supuse que nos cruzaríamos en la Plaza Mayor, o tomando un chocolate caliente en una cafetería del centro.
Supuse durante todo este tiempo que volveríamos a vernos. Por eso nunca me despedí de ti. Por eso te estaré esperando siempre, matando el tiempo con otra sonrisa parecida a la tuya, pero que sigue sin ser la misma.

domingo, 26 de mayo de 2013

Tren al puerto.

Cogiste mi mano cuando no estaba mirando, y no te pregunté a dónde me llevabas porque íbamos demasiado rápido. Me daba igual a dónde querías llegar, si estábamos corriendo para no tardar tanto o si más bien huíamos de algo. Me daba igual porque eras tú quién me sujetaba para no dejar que me perdiese entre tanta gente que nos cruzábamos.
Pasamos por calles que nunca antes había visto, con pisos en los que me hubiera gustado vivir contigo; atravesamos plazas llenas de gente diferente que parecían ser solo parte del escenario de una ciudad vacía, estuvimos a punto de ser atropellados solo porque a ti no te gustaban los pasos de cebra desastrósamente pintados; y aún así no nos detuvimos.
No te giraste para ver si aún seguía detrás de ti, solo apretabas con más fuerza la palma de mi mano cada vez que nos chocábamos con personas que también iban corriendo, pero solas. Tampoco tenía la necesidad de pararme para respirar, porque solo verte me hacía mover mis piernas con más fuerza.
No sé cuánto tiempo estuvimos dejando atrás edificios, si estábamos corriendo en círculos o si teníamos un sitio al que ir. Estar contigo era un lugar aunque siguiéramos moviéndonos.
Entonces llegamos.
Y te paraste, y me paré. Y te giraste y te miré.
Y tenías el pelo despeinado de esa forma que tanto me encantaba, y sonreíste de esa manera que me hubiera gustado enmarcar para poder verla siempre. Y seguías sin soltar mi mano y yo seguía sin dejar de mirarte.
-Escápate conmigo.
No dijiste nada más, ni hizo falta que añadieras palabras. Saqué una sonrisa ladeada que hacía juego con la tuya.
Y volviste a girarte, pero esta vez no íbamos corriendo. Tampoco teníamos equipaje, así que supuse que querías empezar de cero.
Y seguías agarrando mi mano, y yo seguía detrás de ti cara a cara con tu espalda.
Podría haberse parado el tiempo, que aquel momento seguiría pareciéndome perfecto.
Cogimos un tren y nos fuimos. Y sustituimos con el mar los edificios.
Y seguías agarrando mi mano.
Y yo seguía agarrando la tuya.
Y nunca más nos soltamos.
Y nunca más huimos.

sábado, 25 de mayo de 2013

Cuando sueltas la mano equivocada, en busca de brazos vacíos.

Una vez escuché en una película de los 90 que es preferible estar solo, a con personas que te hacen rozar la soledad de todas las maneras posibles. Y puede que tuvieran razón, que se está mejor tumbada en una habitación con el único calor del radiador y las mantas. Puede que se esté menos solo sin tener a nadie que sea capaz de destrozarte.
Pero hay que ser valiente para sustituir unos brazos por una cama vacía.
Entonces ahora que lo dejé todo sin tener nada para empezar de cero sin estar si quiera acompañada, mientras tú optaste por el camino fácil de encontrar otra sonrisa extraviada que enmarcar entre tus sábanas. Entonces ahora, ¿quién es el que gana?
¿Fui yo quien consiguió hacerse más fuerte sin tener a nadie? ¿O fuiste tú quien cogió la fuerza de la autoestima prestada por unas piernas descruzadas?
Quizás seas tú el que haya conseguido el premio de la risa compartida, el que haya ganado con el método del olvido falso, (o no).
Pero he sido yo la que más ha apostado y perdido. He sido yo la que ha aprendido a estar sola sin estarlo.
He sido yo la que ha perdido, pero tú me perdiste a mi.
A la única persona que va a quererte siempre, aunque nunca más vaya a volver para buscarte.

viernes, 24 de mayo de 2013

El arte de rompernos y fingir recomponernos.

Con la luz apagada y las cortinas echadas, te miras al espejo buscando una respuesta. Ni siquiera sabes de quién es ese reflejo, si es tuyo o si por el contrario es solo una coraza. Esa que has construido o te ha ido ocultando descontroladamente con el tiempo.
Bajas las mirada y rozas con ella tus muñecas. Subes lentamente hasta los hombros, y te deslizas por el cuello hasta llegar a tus labios, que están entreabiertos como queriendo decir algo, pero sin terminar de encontrar la fuerza suficiente para hacerlo.
Y de pronto una lágrima se escapa, intentando echar una carrera contra la curva color rosa que adorna tu cara, la misma que estaba a punto de torcerse antes de que un recuerdo extraviado chocara contra tu pecho, como queriendo destruirlo pero quedándose solo en hacer daño.
Apartas la mirada de la persona que se rompe frente a ti, en un intento de convencerte de que esa coraza destrozada no es la tuya. Gritas en silencio que no necesitas a nadie, que eres capaz de salir del agujero negro con seudónimo de vida en el que te han metido.
Pero no es verdad.
Quieres que unos brazos te sorprendan por la espalda mientras cierras los ojos para no ver tu desastre, que alguien te susurre al oído que todo irá bien, y te bese la mejilla al compás de tu respiración y de la suya juntas.
Quieres que tu habitación deje de estar vacía y oscura. Quieres que las cortinas estén recogidas a juego con tu pelo, y que la luz pase cegándote como él solía cegarte con solo dedicarte una media sonrisa apagada.
Quieres que te salven. Que te salve.
Pero nadie va a salvarte.
Los brazos que se suponía que iban a abrazarte están ocupados encerrando a otra persona, y tus mejillas están sin marcar todavía, porque sus labios están besando a la persona equivocada. Tampoco eres capaz de oír su voz acariciándote con palabras llenas de valor, porque sus cuerdas vocales han decidido tocar melodías para una chica diferente.
No va a rescatarte de ti misma.
Y lo sabes.
Vuelves a mirar tu reflejo, con las lágrimas transformadas en rabia. No eres la del espejo, odias a la persona débil que él te muestra.
Así que con los puños cerrados, casi destrozándote la palma de la mano, rompes el cristal que te separaba de esa realidad alternativa que tanto detestabas.
Y cayeron los restos de hielo artificial, y con ellos tú de rodillas al suelo.
Ahora tiemblas. Un media sonrisa con los dientes apretados por la rabia comienza a combinarse con las mejillas secadas.
No sientes el dolor de la mano. No sientes nada.
Solo te quedas tirada en el parqué, sin esperar a nadie excepto al tiempo, que parece ser el único capaz de cicatrizar tus heridas.
(O echarles sal, depende del día).
Cierras los ojos, humedeces tus labios y te tumbas en el suelo.
Destrozaste el reflejo de tu parte débil. Solo su reflejo. Aún así, ahora eres lo suficientemente fuerte como para ser tu propia heroína.
Y lo sabes.
Y sonríes.
Y vuelven a abrirse las cortinas, y las bombillas empiezan a colorearse de electricidad.
Y sigues estando sola, pero te da igual.
Te da igual.

jueves, 23 de mayo de 2013

O después, pero date cuenta.

Ahora que ha pasado un tiempo y que los árboles ya no pasan frío. Ahora que hay más sol que lluvia en los cristales, y el cielo ha dejado de estar desteñido. Ahora, ¿me recuerdas?
Ahora, que tu sonrisa no va a juego con la mía. Ahora que es ella quien te mira, y tú el que suspira. Ahora que mi perfume ya no te adorna, ni eres la risa que se asoma a mis labios cuando escucho tu nombre, ni son tuyos mis ''te quiero''. Ahora, ¿me echas de menos?
Ahora que ya no tienes mis noches en vela, ni son tuyas mis ojeras. Ahora que ya no me giro pensando que estarás detrás esperando para poderme abrazar. Ahora, que no soy yo sino otra la que se da la vuelta para que la veas. Ahora, ¿te das cuenta de lo que has perdido? ¿O ''ahora'' sigue siendo demasiado pronto para que entiendas que yo soy la única capaz de quererte tan a ciegas?
Ahora que ya no estoy. Ahora, dime, ¿te das cuenta?

lunes, 20 de mayo de 2013

Películas a medio grabar.

Lo nuestro nació muerto. Pero, ¿qué más da? Si a los dos nos encantaban las películas de zombies.
Películas. ¿Te imaginas a nosotros siendo los protagonistas?
Cada día que pasamos juntos, cada discusión, cada reconciliación, cada llamada telefónica, todo impreso para siempre en un film.
Sería bonito poder tenerlo y repetir cuando quisiera mis momentos preferidos, esos en los que aún las cosas no estaban rotas del todo. Rebobinaría una y otra vez fechas concretas. Entonces quizás, viviendo en un círculo continuo de momentos felices, podría acabar siendo feliz yo también.
Nunca llegaría a cansarme de escuchar siempre las mismas frases salidas de tu boca y acariciando mis oídos, de la misma forma que nunca me cansé de ti cuando te tenía conmigo. Incluso si nuestro film acabara desgastándose de tanto repetirlo, haría todo lo posible por copiarlo en uno nuevo.
Así tú y yo estaríamos juntos siempre, vivos en una película con final trágico borrado.
¿Verdad que sería perfecto?
Aunque puede que la perfección no esté en creerse una mentira, pero tampoco está en conformarse con una realidad que no merece la pena. Y mi realidad no merece la pena, si no soy yo la que está contigo en lugar de ella.
Desgraciadamente en esta película no puedo rebobinar atrás y volver a buscarte.

sábado, 18 de mayo de 2013

Cuando todos los caminos de huida llevan a un callejón sin salida.

Ya no sé qué hacer. No importa cómo o cuántas veces lo intente, haga lo que haga tú siempre sigues ahí de una manera u otra.
Días, meses, luchando por hacer de ti algo que no significase nada, sin resultado. Al principio esperando que regresaras, luego deseando levantarme una mañana sin pensarte o sin sentir rabia de no poder tenerte nunca más, de ver que ya no eres mío.
Intenté mentalizarme de que no fuiste algo real, que nunca llegué a tenerte lo suficientemente cerca como para darte importancia. Pero no sirvió de nada, solo me hizo sentir más patética aún por no saber quitarme de la cabeza a una persona que nunca tuve delante.
Mi vida se volvió un círculo continuo, empezando por la iniciativa de dejarte atrás y cerrándose con un ''no puedo más'' mojado con lágrimas. Y así cada mes. Cada semana. Cada noche.
Tampoco sirvió de mucho buscarte con un nombre diferente, cualquier otro chico que encontrase ya tenía a alguien o no era exactamente como tú.
Así que vuelvo a estar completamente sola, fuera de la vida de los demás.
No tengo hueco, no ese que yo quiero. No hay nadie que me dé los buenos días o me diga lo mucho que me quiere.
No hay nadie al otro lado del teléfono con los nervios destrozándole el estómago solo porque está esperando mi llamada. Ni siquiera hay nadie esperándome.
No hay nadie que me salve, están ocupados rescatando a otras personas. Incluido tú.
No hay nadie.
Ya no sé qué hacer, yo solo quería que alguien me sacara del agujero negro en el que se había convertido mi vida. Pensé qué tú lo harías, pero has acabado hundiéndome más en él.
Así que... ¿Ahora qué?

viernes, 17 de mayo de 2013

¿Sabes distinguir la realidad de la mentira?

Ya no sé qué significa tu nombre, si son solo letras combinadas o una melodía que acaricia mis oídos y golpea mi tripa al escucharla. Tampoco tengo claro cuál era tu color favorito -puede que quizás nunca lo supiese-, ni qué película te hacía llorar como un niño pequeño, el niño pequeño que ocultabas haber sido.
Por mucho que lo intente no soy capaz de recordar dónde estaban esos tres lunares tuyos tan característicos que tanto me gustaban, ni siquiera me acuerdo de cuáles eran las cicatrices que más daño te hacían, esas que encajaban perfectamente con las mías.
Tu grupo favorito... ¿cuál era? Me suena una canción suelta, pero no estoy segura de si era a ti o a mi a quién le gustaba escucharla con los ojos cerrados a conjunto con la puerta.
Aunque sí recuerdo cómo tu sonrisa era el principio de dos paréntesis, ¿o era más bien una curva sin baches?
No lo sé.
Ya no sé qué significan estas mariposas en el estómago que siento al recordarte, si son solo dolor o restos de lo que un día me dejaste.
Ya no sé qué significa tu nombre. O quizás sí, quién sabe.

Cuando la pólvora se acumula sin posibilidad de disolverla.

Creo que destruyo todo lo que toco, aunque no quiera, aunque mi intención sea más bien recomponerlo. Podría decirse que dentro soy toda pólvora, solo hace falta el más mínimo roce para hacerme explotar. Cualquier pequeño problema, incluso sin serlo, puede actuar como detonador de la bomba de rabia que llevo dentro.
Y cuando ese momento llega nadie puede detenerme, nadie puede hacerme volver a ser yo. La ''yo'' que sonríe y trata a los demás lo mejor posible, la ''yo'' que tiene empatía, la ''yo'' que todo el mundo ve con buenos ojos. La ''yo'' que no soy realmente.
Pero, lo peor no es hacerme reventar, no. Lo peor es que suelto mi carga de pólvora ya quemada sobre las personas que menos se lo merecen, solo porque quienes realmente deberían recibir todo mi daño no están, ni tampoco puede dañarse a la muerte.
Así que el roce con el detonador hace que se active el lado que no quiero mostrar, dejando en un rincón olvidado a la persona dócil que finjo ser, hasta que una punzada de realidad me hace parar.
Aunque parar no es sinónimo de haberme quedado vacía por dentro.
Dejo de explotar cuando veo el daño que estoy causando, pero para entonces ya es demasiado tarde. Y toda la mierda se sigue acumulando.
Hasta el día en que ya no pueda más.
Entonces no habrá realidad que pueda detenerme, no habrá restos empáticos que me hagan ver el dolor ajeno. Simplemente soltaré todos los recuerdos borrosos que almaceno, me arrancaré de cuajo con palabras cortantes los puntos de sutura aún recientes de mis heridas, y rasgaré mis cuerdas vocales en una última llamada de socorro camuflada en gritos de odio.
Todo en un intento de preguntarle al mundo por qué las cosas no pudieron ser diferentes.

miércoles, 15 de mayo de 2013

El arte de crecer y ser feliz al mismo tiempo.

Un día te levantas y ya no mides un metro cuarenta. Tu pelo liso ha crecido considerablemente volviéndose medio rizado, y ni siquiera conservas ese flequillo que tu madre solía cortarte de manera tan meticulosa.
Te miras al espejo y ves que en tus rodillas ya no tienes costras, te das cuenta de que las heridas son ahora metafóricas y duelen incluso más que las que cualquier caída jugando al pilla-pilla podría causarte.
Tampoco las calles parecen iguales, han pasado de ser un lugar al que huir a una cárcel que te mantiene alejada de todo lo que quieres. Ya no tienes ganas de vivir aquí para siempre, quieres huir lejos del sitio donde te criaste, y la imposibilidad de salir corriendo te hace sentir como un pájaro enjaulado.
Así que supongo que crecer es salir de tu burbuja perfecta hacia el mundo real, donde todos pueden juzgarte y verte de todas las maneras posibles excepto de la correcta. Aquí están preparados y esperando el momento perfecto para destrozarte y hacerte desear ser una niña pequeña otra vez.
En el mundo real no puedes huir todavía, tienes que esperar a ser lo suficientemente mayor para coger un tren y marcharte. Y entre tanta espera se pasa la vida que nunca has podido vivir, porque estabas demasiado estancada en el pasado como para darte cuenta del presente.
Aún así, sigues soñando con que algún día volarás lejos, sigues sumiéndote en realidades alternativas y sigues pensando que la vida no es tan cruel después de todo.
Soñar, soñar y soñar. Quizás la única cosa que te mantiene viva.
Crees que tus planes de futuro seguirán siendo los mismos de aquí a diez años, que podrás escaparte al mismo sitio que tienes en mente ahora.
Pues no.
Al igual que aquel día en el que te diste cuenta de que ya no eras una niña, llegará el momento de bajar de las nubes, y ver la realidad tal y como es. Tendrás que dejar de huir a tu mundo para adaptarte a la monotonía de ser un adulto.
No tendrás una casita en la playa, no podrás coger un tren y marcharte lejos. No podrás, porque vives en una sociedad atada al dinero.
Pero no te preocupes, aún puedes seguir ignorando la realidad. Aún puedes convencerte a ti misma de que tienes el valor suficiente para ser diferente al resto.
¿Y qué si ellos se conforman con lo que tienen? ¿Y qué si ellos renunciaron a sus sueños?
Da igual lo que digan. Tendrás una casa junto al mar, comprarás un billete, te irás y serás feliz si quieres.
No importa que tengas que esperar, ya no eres una niña. Tienes edad suficiente para ser paciente y saber que no es necesario vivir enjaulada siempre. Ni siquiera entre los muros que tu misma has construido.

martes, 14 de mayo de 2013

Ruinas en obras.

Eras como el pilar que sostenía el refugio que me protegía, tan fuerte, tan capaz de todo... Y de repente un día, sin más, te derrumbaste por tu propio peso. Poco a poco fui enterrada entre los escombros de lo que una vez me mantenía segura, fue entonces cuando me di cuenta de que había construido mi fortaleza con mis propios miedos. Y tú, ahora derrumbado y hecho añicos, no habías sido capaz de soportarlos y te habías vuelto uno de ellos.
Esperé durante meses que te recompusieras, que volvieras a ser el pilar que una vez me hizo sentir segura. Pero no lo hiciste, ni tampoco vino nadie dispuesto a ordenar el desastre que habíamos causado.
Así que me levanté, y con los restos de lo que un día fuimos (refugio y refugiada) intenté reconstruir mi fortaleza. Esta vez sin pilares que la sostuvieran.
Hice mi propio muro, hecho de mis propios temores y mis propios límites convertidos en valor. Y una vez lo hube terminado, me di cuenta de que era demasiado alto como para que nadie más pudiera atravesarlo.

domingo, 12 de mayo de 2013

Medias-canciones que buscan personas enteras.

Estoy segura de que hay una canción escrita para cada uno de nosotros. Un tipo de canción especial, con una letra hecha para ti, con unos acordes y una melodía que te erizan la piel al escucharla y te obligan a saltar por toda la habitación sin miedo a ser vista por la ventana.
Es difícil encontrarla, hay demasiados estribillos escritos por ahí, por eso muchas veces pensamos habernos topado con ella aunque solo sea un amor pasajero de dos meses.
No tengas miedo, nadie muere sin haber encontrado a su canción, aunque sin darte cuenta la hayas dejado olvidada en un vinilo al fondo de una estantería. No importa. Con solo oír sus notas una vez en toda tu vida, jamás serás capaz de volver a olvidarla, y a partir de entonces cada vez que vuelvas a rozar con tus dedos su clave de sol, el corazón te dará vueltas y vueltas sin marearse.
Es sistemático, somos música. Puede que hasta una canción nos enamore más que nosotros mismos, porque muchas veces unas cuerda de guitarra o unas baquetas de batería nos comprenden mejor que las personas que queremos.
Así que, ¿has encontrado ya tu media-canción o aún sigues buscando?
Porque yo ya he encontrado la mía. Y sorprendentemente, me la diste tú sin saberlo.

sábado, 11 de mayo de 2013

El fallido método de la sustitución.

Recuerdo que en una tarde de un mes demasiado gris para ser primavera, creí haberte encontrado con un nombre diferente y con unos ojos desteñidos que parecían ser tuyos. Sé que eras más alto, que tenías el pelo más corto y que incluso tus hoyuelos habían desaparecido.
Tenías la rara manía de beber chocolate caliente cada mañana, y contigo mi cama era molestamente más pequeña. Ni siquiera tus abrazos eran los mismos, ni tu voz tenía la misma textura.
Recuerdo que en una noche demasiado oscura para ser verano, rocé tus labios por error. Entonces, me di cuenta de por qué no reconocía la curva de tu sonrisa, ni tus ''te quiero'' eran capaces de hacer que mi corazón diera saltos mortales.
No eras tú. Nadie volvería a ser tú, por mucho que quisiese. Ni siquiera tú.

Cuando tu fuego pasa de darme calor, a quemarme.

A medida que voy conociendo gente, me doy cuenta de que será difícil volver a encontrar alguien como tú. Tus manías, tu forma de ser... eso nadie lo tiene. Créeme que he buscado por cada rincón de esta estúpida ciudad y no he sido capaz de encontrar ni a una sola persona que se te parezca, ni siquiera en el blanco de los ojos. Es entonces cuando tengo la certeza de que me costará más de lo que creía olvidarme de ti sin usar el comodín del sustituto.
Maldita personalidad la tuya, que sin ser tan perfecta como creía, me tiene obsesionada; maldito tú por no agarrarme del brazo cuando dije aquel fatídico <<Adiós>>, y maldita yo por ser tan estúpida como para no querer olvidarte.
Ahora dime, ¿ves en ella lo que veías en mi? 
Sí, por supuesto que lo ves.
Supongo que tú tuviste más fuerza para olvidar porque fuiste el que menos fuerza para querer tuvo.
Es... triste, ¿no crees? El hecho de que no quiera ser feliz con otra persona, que vea a las demás como simples clones llenos de taras, y que para mi sigas siendo el único. Es triste aferrarse a algo que ya no existe.
Aunque quizás nunca existió de verdad, y eso añade más acritud al asunto.
Deséame suerte al menos, la voy a necesitar, aún me queda toda una vida por delante sin ti. Y eso, es peor que cualquier infierno post-mortem. Es un infierno de recuerdos, que poco a poco me quema por dentro, del cual ni tú ni nadie va a ser capaz de salvarme.
Ni siquiera yo misma.

martes, 7 de mayo de 2013

¿Y tú en qué mundo vives?

Realidad. Estúpidas ocho letras que nos alejan de lo que verdaderamente queremos. Admitámoslo, ¿a quién le gusta? A nadie, ni siquiera los enamorados están conformes con ella. El tiempo les tiene limitados.
Odiamos tanto ese ir y venir de días, que huimos de ella creando mundos paralelos. Mundos particulares que nadie más puede colonizar. 
Hay tantos mundos como personas caminan sobre la tierra. Tantos, que no existen dos iguales.
Existen algunos pequeños, donde solo cabe un habitante real de verdad. Dicho habitante vive rodeado de otros que aún no existen, pero que le gustaría conocer algún día. Esto es el conocido sueño que todos tenemos de la vida que nos encantaría vivir en un futuro.
Otros son más grandes, y en él caben tantas personas como se quiera. Personas que vemos día a día, que podríamos tocar si quisiéramos, pero que la falta de valor nos impide hacerlo. Aquí es donde la mayoría de soñadores felices se refugian, en un entorno paralelo donde encuentran toda la valentía que no tienen. Aunque puede que este solo sea un escondite para cobardes que no se atreven a hacer de su realidad el mundo que tanto anhelan.
Mundos de cristal que creamos solo para evadirnos cuando nos aburrimos, mundos más fuertes en los que ni siquiera nosotros mismos somos capaces de entrar, porque lo que hay en ellos son nuestros más profundos miedos; mundos abandonados a los que su dueño dejó de hacer caso porque su día a día se convirtió en un lugar mejor del que soñaba. 
Mundos, mundos y más mundos.
Mi mundo.
Un lugar pequeño rodeado de murallas demasiado altas como para escalarlas, que evitan que el agua del mar se escape entre ellas. Y a unos metros de la orilla, un pequeño ático donde vivo con un gato y una cámara vieja.
En mi mundo casi siempre llueve, y las gotas de lluvia nos empapan las mejillas mientras reímos sin preocuparnos por estropearnos la ropa.
Ah, ya te has dado cuenta: no estoy sola.
En mi mundo estás conmigo, sigues teniendo esa sonrisa que tanto me gusta, y tu mano nunca deja de perder la fuerza suficiente para evitar que me caiga. Aquí somos felices, no tenemos que temer al mañana que quizás nos separe, no tenemos que intentar parar las agujas del reloj porque no hay tiempo. No lo necesitamos.
En mi mundo no existen las despedidas, nadie se va, pero nadie llega. Incluso las personas que se fueron vuelven a la vida aquí, sin importar que en la realidad sus huesos ya estén desgastados. 
En mi mundo me quieres y te quiero. Cumplimos las promesas que dejamos a medias ahí afuera y creamos otras nuevas sin miedo a romperlas.
Viviría aquí si pudiera, pero no sería lo mismo.
Quizás ese sea el problema de los mundos: que no son reales.
Puedes crear tantos como quieras, pero ninguno de ellos llenará el vacío que tanto daño te hace. Porque la verdadera felicidad se encuentra cuando nuestros sueños se convierten en la realidad que compartimos.

lunes, 6 de mayo de 2013

Maldita realidad que nos mantiene separados.

Ahora que estoy en mi habitación, recuerdo aquella vez que dijiste que nunca más estaría sola, que te quedarías y no tendría que llorar más. ¿No es triste que ahora vuelva a estar sin nadie y con las mejillas mojadas, por tu culpa?
No importa, nunca creí que de verdad fueras a quedarte, pero hubiera sido bonito que aquel día no estuvieras solo exagerando el tiempo que realmente ibas a permanecer conmigo. Aunque fuese solo para hacerme sentir mejor.
Hubiera sido bonito que en lugar de estar sentada, escribiendo esto, estuviese tumbada contigo, contándonos historias o simplemente durmiendo. Pero esa no es la realidad.
Y por eso la odio tanto, porque no estás en ella.
Desearía revivir en bucle las tardes que pasamos juntos, sin importarme que al final de cada circuito de recuerdos fuese yo siempre la que acabase destrozada, mientras tú eres feliz con otra persona. De verdad que lo haría a pesar de todo.
Supongo que eso demuestra que yo nunca exagero un 'te quiero', supongo que eso demuestra que yo aún sigo estancada en un 'adiós' que me hubiera gustado no tener necesidad de decir.

Un sueño hecho de sal y agua.

No podía creerlo, por fin había llegado. Aquello que tenía frente a ella, era por lo que había estado luchando todos estos años, levantándose cada mañana solo porque tenía la certeza de que algún día vería con sus propios ojos eso que ahora tenía delante.
¿Era un sueño? El temblor de sus piernas y las ganas de llorar le indicaban lo contrario.
Pero ahora que sus sueños se había materializado tenía miedo.
Había vivido hasta aquel día con la única esperanza de llegar ahí. Vivía por y para aquel lugar, así que ahora que había ganado la batalla contra el tiempo y la imposibilidad, ¿qué le quedaba? ¿ahora para qué viviría?
No lo sabía, no tenía ni la menor idea. Supo entonces que se nos prepara para luchar por lo que queremos, pero nadie nos dice qué hacer si lo conseguimos.
-Disculpe, ¿va a pagarme? - la voz del taxista hizo que todos sus temores se disiparan.
Abrió el monedero y le extendió al hombre un billete, no le pidió el cambio porque sabía que era poco, y estaba tan feliz que no le importaba perder algún que otro céntimo.
Esperó a que el coche arrancara, y cuando lo vio desaparecer por entre unos edificios, solo entonces, bajó las escaleras de piedra una por una, sin prisa, ya no había prisa.
En el último escalón se detuvo para quitarse los zapatos e inspirar hondo. Irguió la cabeza y con los ojos perdidos en el horizonte que tenía a escasos metros mezclados con arena y agua, dio el primer paso hacia su felicidad.
Hundió los dedos en la arena y cerró los ojos. Quiso llorar, pero esta vez no era a causa de la tristeza. Se convenció a sí misma de seguir adelante sin importar qué.
Paso a paso, respiración a respiración, pestañeo a pestañeo, estaba cada vez más cerca de él.
Y, después de unos segundos, llegó.
Sus pies empezaron a mojarse al compás de las olas, que parecían cantarle como si hubieran estado esperándola desde hacía ya mucho tiempo, y se alegraran tanto como ella de por fin volver a verse.
Entonces, se derrumbó.
Cayó de rodillas al suelo, con su cuidado vestido empapándose con el agua, a la vez que sus mejillas se empapaban con sus lágrimas.
Lloró como una niña pequeña, sus gritos podrían haberse oído a kilómetros de distancia. Se alegró por primera vez en su vida de que nunca nadie fuera capaz de escucharla cuando más lo necesitaba.
Cuando creyó que no le quedaba más rabia que dejar salir, ni más aliento que derrochar, miró al frente con la mirada perdida.
Era tan bonito, tan... lleno de vida. Quiso poder entrar y hundirse en él para siempre, llegar andando hasta el horizonte, ese horizonte que no existe pero que aún así creemos ver. Le hubiera gustado ser un pez y poder pasar el resto de su vida bajo ese mundo paralelo.
Pero su mundo, el que tan poco le gustaba, se encontraba rodeado de aire en lugar de agua.
No le importó que fuera invierno y que sus rodillas estuvieran ahora temblando por el frío en lugar de por los nervios. Se quedó un rato mirando el mar, mirando su sueño. Y se dio cuenta de que ahora, después de 12 años esperando ese momento, era feliz, porque había conseguido llegar por sí misma a la ciudad que tantos recuerdos tenía unida, aunque la mayoría de ellos siguieran quemándola por dentro.
Le daba igual estar a escasos kilómetros de la persona que más odiaba y quería al mismo tiempo. Le daba igual. Porque ahora era su turno de poner las cosas en su sitio.

domingo, 5 de mayo de 2013

Te reto a que seas capaz de definirme.

¿Que quién soy? Pues no lo sé, no tengo ni la menor idea, pero, ¿acaso alguien lo sabe?
No eres tu nombre ni los apellidos que lo acompañan, eso son solo sustantivos que tus padres escogieron para poder diferenciarte de tus hermanos, o de otras personas; así que si te preguntan quién eres, no vale responder ''soy Verónica'', ''soy Andrés'', ''soy María'' o ''Soy Jorge'', porque no eres esa combinación aleatoria de letras.
Tampoco está permitido contestar con ''soy una chica'' o ''soy la hija de mis padres, la hermana de mis hermanos'' porque no eres la única persona que nació con genes femeninos, y probablemente no eres la única descendencia de tus padres, y si lo eres, podrías perfectamente tener un hermano si tu madre y tu padre quisieran. De modo que lo siento, pero ni tu género ni tu árbol genealógico te definen completamente.
Una vez aclarados estos puntos, retomemos el principio de la cuestión: ¿quién soy?
Ya te lo dije, no lo sé, pero quizás si te dijera algo sobre mi te ayudaría un poco a ponerme forma y silueta, y a verme más como una persona, en lugar de como alguien anónimo que ha escrito este texto porque una tarde de domingo cualquiera se aburría tumbada en la cama sin otra cosa que hacer. Por tanto, allá vamos:
Mi película favorita es Amélie, porque me identifico demasiado con ella, y el libro que más me marcó aún no lo he leído, o puede que lo haya hecho, pero otras páginas lo hayan eclipsado.
Me gustan los días grises, me animan más que un día cualquiera de sol y nubes blancas de algodón. Tanto es así que no me importaría tener a alguien con quien mojarme, sin tener miedo de coger una pulmonía o de estropearme el pelo. Supongo que teniendo a alguien los riesgos no existen (al menos no somos capaces de verlos).
No te diré cuál es mi mayor sueño, a día de hoy es lo único que me sigue causando mariposas en el estómago, haciéndome ver el futuro de forma menos insustancial. No te lo diré, simplemente, porque no sé si dentro de dos meses, dos años, o incluso dos días, seguirá siendo el mismo. Está demasiado ligado a personas que se han ido y, al igual que esas personas, tengo miedo de verlo desvanecerse por mucho que no quiera. Solo dejaré caer que me encantaría vivir al lado del mar, aunque no tuviera absolutamente a nadie con quien ver el ir y venir de las olas.
Tampoco haré alusión a mis grupos favoritos por la misma razón: hoy puedo estar escuchando The Kooks, y mañana Daughter. Escucho la música que me hace sentir viva en ese preciso momento.
Odio el número 13 porque en ese mismo día de diferentes meses sucedieron los dos hechos que me han hecho ser quien soy ahora.
Desearía que un 13 de Noviembre, o un 13 de Febrero no hubieran sucedido dichos acontecimientos, que hubiera estado tranquilamente mirando por la ventana de mi casa, o en la calle viendo los coches pasar, en lugar de en esas situaciones. Pero si hubiese estado contemplando ensimismada los pájaros de un árbol desde mi casa o escuchando el claxon de los coches, quizás ahora no estaría escribiendo esto, o no tendría ni la fuerza de voluntad que tengo ahora, ni la confianza tan rota. Así que perdóname si un día 13 cualquiera te respondo de manera más hiriente, o me quedo mirando la pared sin razón aparente. Ahora ya sabes por qué reacciono de esa manera.
Cambiando de tema, quiero que sepas que soy una persona bastante tímida  Si estoy con un grupo de personas, probablemente me verás callada y riéndome de vez en cuando. Puede que eso te incomode, pero no te preocupes, me gusta escuchar a los demás sin decir nada. Sin embargo, en el momento que cojo confianza, puedo ser demasiado hiriente. Me disculpo de antemano porque sé que si algún día me conoces, alguna vez pagaré contigo lo que no he pagado con quien debo hacerlo.(Soy así de estúpida). Pero no creas que soy una amargada, no, también tengo cosas positivas. Algunos dicen que soy buena persona, aunque yo (por esto que acabo de contarte) no me lo considero. Pero, ¿existen de verdad las buenas personas?
Volviendo a cambiar drásticamente de asunto, te diré que tengo mucho miedo de todo. No desvelaré a qué exactamente porque no sé quién eres y si vas a poder aprovecharte de ellos para hacerme daño en lugar de para protegerme. Lo único que sabrás es que antes tenía pánico a perder a los demás o a quedarme sola, y ahora, gracias al número que odio (y ya deberías estar relacionando conceptos) no les tengo el más mínimo pavor.
Y, ya está, te he aburrido lo suficiente como para que hayas dejado de leerme hace rato. Si aún sigues aquí, gracias. De verdad.
No te diré nada más sobre mi, porque el resto quiero que seas tú el que lo averigüe por sí mismo.
Así que, ahora que ya sabes medianamente quién soy... ¿te atreves a ver conmigo Amélie un día de lluvia, en una pequeña casita frente al mar?

viernes, 3 de mayo de 2013

Un último intento de decirte adiós, aunque solo se quede en intento.

Algunas personas me causan nervios en el estómago, de ese tipo de nervios que hacen daño. Tú, por ejemplo, eres una de ellas.
Me gustaría poder mirarte aún sin que lo sepas, y poder al menos saber qué tal te van las cosas ahora que me he ido. Pero no puedo, me duele demasiado saber que ya no estás conmigo.
¿Qué fue de las mariposas de mi estómago? Puede que hayan muerto de tanto esperarte. O quizás sigan ahí, aunque yo no me dé cuenta, quizás nunca sea capaz de hacer que dejen de volar cada vez que oigo tu nombre.
Pero ya no es un aletear reconfortante y lleno de optimismo, ahora es más como golpes en la tripa.
Quisiera que esas mariposas (o nervios, como prefieras llamarlo) siguieran dando vueltas en mi estómago, haciéndome cosquillas y no arañazos, que siguieran ahí, vivas como el primer día que vi tus hoyuelos, sin importar el tiempo que pasase.
Tiempo, bonita palabra.
Es él el que me dijo que en el fondo yo era la que más quería, y tiene sentido. Puede que si me quisieras tanto como te quiero me hubieras gritado que me quedara. En el fondo solo quería eso.
No lo hiciste.
¿Verdad que es triste ver que no solo no me detuviste, sino que me echaste a patadas?
También gracias a los días emborronados me di cuenta de que cometí muchos errores, que soy demasiado impetuosa y digo las cosas de la manera menos correcta posible, y lo siento por ello. Pero pensándolo bien, la forma de expresar mis sentimientos tampoco hubiera cambiado mucho el desenlace. Dijera lo que dijera, yo acabaría sola - como siempre - y tú siendo feliz con otra persona.
Tampoco a ti te costaba tanto dirigirme la palabra, y menos aún después de haberme arrastrado tanto por ti.
No te culpo, te conozco, y si en todos los meses que pasamos juntos nunca escuché un ''lo siento'' de tus labios, dudo mucho que aquel fatídico día hubiera sido diferente.
Irónico que al final sea yo la que acabe mal, cuando siempre creíste que sería al revés. Míranos ahora, tú pensando que no soy más que una cría, y yo con la confianza rota. (Créeme, no soy una cría, es lo que más me dolió que dijeras. Supongo que porque eso me demostró que no me conocías realmente).
Creo que durante estos meses sin ti me he dado cuenta de que dejaste de quererme hace mucho tiempo, no intentes negarlo, sabes que llevo razón.
Dime, ¿cuánto tiempo estuviste llorando, o lamentándote por haberme perdido? Porque yo aún sigo sin creer que haya vida después de ti. Pero tú, por lo visto, has superado con creces el que me haya ido.
Si estás enfadado por esto que te he escrito, ya no me importa, cada párrafo de esta carta es pura verdad, y cada letra lleva tu nombre, así que permíteme decirte, permíteme afirmar, que al final la que más quiso fui yo.
¿Me convierte eso en ganadora de algún estúpido juego o solo me hace una más de tu lista de 'cosas a olvidar'?
No soy más que alguien que nunca viste, ni tocaste, ni sentiste, no existí realmente, es normal que hagas como que nunca pasé. Lástima que yo no sea capaz de reaccionar de la misma manera.
Con todo esto intento darte un último adiós, ya va siendo hora después de casi tres meses sin tenerte. Sé que muchas veces te he escrito en un intento de despedirme, diciendo que sería la última vez que te dedicaría algo, pero esta vez es la definitiva.
Quiero que sepas que te querré toda mi vida, y quizás no te lo merezcas, pero yo no controlo lo que siento.
Sinceramente espero que seas feliz con ella, y que así abras los ojos y veas que pocas personas harán por ti todo lo que yo hice durante el tiempo que estuve a tu lado.
No creas que porque escriba esto habré pasado página, no es más que otro intento de dejar de pensarte. Aún me quedan muchos meses por delante, muchas recaídas. Pero, es lo que tiene enamorarse, ¿no?
Me quedan muchas cosas que decir, que gritar, que llorar, que susurrar, pero no me quedan palabras, y puesto que estas ya escritas no vas a leerlas, de nada serviría dejar salir al resto.
Así que Intenta no olvidarme si es que aún no lo has hecho, porque volveremos a vernos, joven precipitación de invierno.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Usurpadora de amores de plástico.

Si vas a intentar, al menos, ocupar mi lugar, ten en cuenta que te será fácil: el hueco que dejé es demasiado pequeño. Aún así no me menosprecies, sé más de él de lo que tú nunca llegarás a saber.
Así que si vas a intentar, al menos, quererle un cuarto de lo que yo lo hago, ni se te ocurra mencionar aquel verano con su familia que nunca más volvería a ser la misma, ni tampoco intentes doblarle las camisetas de modo impoluto y casi liso, le gusta la ropa arrugada.
El chocolate mejor frío y blanco, es así de diferente, y jamás intentes llevarle a la montaña, porque detesta el olor de la tierra mojada por agua no salada.
Mejor azul que verde, pero nunca rojo, ni siquiera en tus labios, no es tan clásico. Aunque quizás si lo camuflas con un beso en sus mejillas, deje de importarle tanto qué pintalabios has usado.
Le dan miedo muchas cosas, protégele.  No voy a decirte cuáles, no soy tan buena ni tan estúpida, pero si se va la luz procura estar a su lado.
Te diría en qué lugar tiene esos lunares que me gustan tanto y que difícilmente encajarán con los tuyos, pero dudo mucho que veas su piel como yo lo hago, o que aprecies esa cicatriz en la costilla que casi ni se nota, pero que le tiene tan acomplejado.
Sus grupos favoritos no hacen falta mencionarlos, supongo que ya los habrás escuchado, solo advertirte que sus discos más preciados están en el segundo cajón de su cómoda, a excepción de uno que estará siempre puesto en el tocadiscos, esperando para ser bailado.
Lo sabrás, pero es orgulloso, más que tú, más que yo, así que ten cuidado a la hora de enfadarlo, porque no  se disculpará contigo fácilmente.
Ya está, no te desvelaré nada más, el resto es cuestión tuya descubrirlo.
Aunque si le quisieras, al menos, un cuarto de lo que yo lo hago, ya sabrías todas estas cosas y alguna que otra que he callado.
Incluso sabrías que esa cicatriz en la costilla no existe, o que unos labios pintados de rojo le apasionan más que nada en el mundo, sobretodo si ese pintalabios le colorea la cara en una habitación oscura.
¿No lo sabías?